miércoles, 2 de mayo de 2012

Tu silencio (II)



Era un hacha de marfil, de nácar y caracolas,
deshojada de estaciones.
Era un verso esbelto escrito en el aire,
un vaivén de letras verticales con pólvora en la cadera.

Se despertaba
vigilando la lana del cristal,
 la verdad oculta en los ceniceros de la noche.
Y si percibía el frío,
su mano certera siempre afable,
me ahogaba de música secreta
entre lirios y selvas.

Yo la veía como walquiria asentar en mí sus islas,
cementos, hoyos y labranzas
que entre los días devoraba,
al tiempo que se hacía cada vez más líquida,
incansable felina en celo
aullando el dolor de mis cuchillos sobre sus tejados.

Yo la quise así, como la estoy queriendo,
en una pasión de amor y mar,
en un amor de mar de mercurio y movimiento,
de ignotos humedales furtivos,
de combates y victorias saqueando las ciudades
que en su pecho duermen.

lunes, 19 de marzo de 2012

Tu silencio

Hay ciudades caídas reposando en tu cuerpo,
su fragor tiene voz de habitación oscura
y el vapor de sus saqueos es la sustancia que cuaja
una alquimia silenciosa en tus venas,
desde tu corazón de lluvia a tus esquinas
para disolverse.

Han llegado hasta ti pájaros sin carroza,
a tu vientre atado por el pulso y las hogueras,
han cruzado tus atlas de aguas rojas,
y desvestidos,
veneran la ceremonia muda de tu letargo respirando.

Comparto tu geografía a ras de tu vello sombrío,
oigo los ladridos que revientan el alambre de tu pecho de aves
en los pasadizos marinos de tu sueño en espira.

Has tragado las montañas con tus párpados cerrados,
las sogas y las plagas vertidas
sobre el pedernal de mi misericordia.
Recorren tus pupilas como ríos de tierra,
muerden olivos, saetas y añoranza en catarata
sobre la paciencia natural y pura
de mis paños abiertos.

Tu quietud endulza las murallas que rezas,
tus relicarios, una campana y un cordel hasta tu noche;
dormida, mano sobre mano
y manos sobre el pecho el recuerdo honrando
en tu tumba de tantas muertes.

A tu lado, en tu perfección noctámbula,
te escucho.
En el vestíbulo de mis tímpanos,
tu reposo.
Es tu silencio.

domingo, 26 de febrero de 2012

sábado, 4 de febrero de 2012

Poema en el olvido

La foto es de aquí.

Porque se me hace bondad el desvarío que la medida del tiempo agranda a otra escala.

Porque es tu desnudez un océano, bálsamo sereno de tierra a orilla, en nocturnas ondas levemente movedizas.

Porque sé que seré tu testigo hasta la muerte si es que por ti no muero, o contigo.

Porque tu tumba rocosa colgará ante mis ojos cuando haya caído, y besaré la ceniza en la inscripción de tu invisible.

Porque me puede la esperanza por acompañarte, y mi voz te cede todo el honor que sabe en el camino, y mi alma es una piedra que estrecharás con tu mano, y mi lucha una huella cerrada para tu calma.

Porque en el vapor de tu lagrimal los barcos de tus aguas se hacen puerto.

Porque tengo en la cabellera enredada los peines de tus velas donde la hiedra es mayo, respuesta y semilla.

Porque en tu tobillo doble resuena la caligrafía de tu sangre desangrando la caricia de mis dedos.

Porque la oración se hace plegaria en tu cadera y nuestro lenguaje volverá virgen a su cuneiforme principio.

Porque losas de olvido nos treparán por la espalda, y tu boca venerable como un altar seguirá junto a la mía cumpliendo años, y tu pecho será como una dársena de Oriente, y tu luz estará siempre antes que mi verbo y el de todos los hombres.

Porque mi dorsal arqueada se hará cura y consuelo, y en ese consuelo tu angustia fallecerá sin defensa.

Porque existe la niebla, y esa niebla en tu párpado será sueño, y en ese sueño mi dolor quedará dormido.

Porque devueltos a la infancia el último de nuestros días seremos culpa y ribera. Y para entonces mi mano sobre la tuya reposará unida, persistente, firme, esperando que a por nosotros venga la mayor certeza de la tierra.

domingo, 1 de enero de 2012

Uno de enero

Ya estamos dentro. Ya hemos plantado los pies en la grieta lenitiva de ir sumando uno más. En esta hendidura irradia un idioma que aún no se ha escrito, un susurro que viene de lejos desunido todavía a nuestro personal diario; son signos y señales trabadas, asidas del foco que ha crecido de un período desalentador que se va. De esa hendidura se absorbe también el candor y la inocencia, el camino que sólo es trazado al caminar, en su blanco folio que por una vez no aterra sino ilusiona. La fortuna de los días por llegar se esboza en la mente antes que en otro lugar de la geografía, los poemas sin sonido que sólo es capaz de describir el ansia a través del buen propósito y la esperanza de que es este día la charnela que delimita un antes y un después. El día de ayer se me hace más lejano que nunca. Y me gusta pensar que atrás han quedado sus rastrojos, a la deriva hacia el lugar donde nada existió.

Siento que desde aquí hacia atrás “sólo estaba adivinando, los números y las figuras, separando los rompecabezas”. Sonrío. Se me hace bello este auto engaño, -de ayer a hoy tan sólo han pasado unas horas-. Sin embargo, algo ha cambiado. Necesariamente. Era necesario. Y lo digo con la firme amenaza de que a partir de ahora voy a perseguir lo verdadero; únicamente aquello que mis ojos no pueden dejar de mirar.

Feliz Año. Feliz profecía.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad

Días de abrazos y adioses. De añoranza y de cerrar puertas. De mirar primero atrás, después alrededor, y finalmente adelante. Días de manteca, de higos y cazalla. Días de paz, o algo que se le parece.

Desde el diezmo ardoroso que se cobra el blanco diciembre, FELIZ NAVIDAD.


domingo, 4 de diciembre de 2011

La otra

Me gustaría ser la otra. La oculta. La que nunca he sido ni podré porque no sabría serlo. La que vuela. La que flota. La que el roce de todas las manos se le hacen manos de niño. La que no importa porque no le importa nada; esa nada que todo lo evidencia y lo disculpa porque inquiere en la vejez y en la intención de un concepto, y lo desarma, soslayando toda debilidad que irrumpa instintiva. Me gustaría aprender a anudar la desgana sobre la corteza de mi espalda y no mirarla. Desplegar la cerradura que destila mi intimidad más impersonal y no doliente, y sobre todas las eras de lo imposible, derramarla como un cuerpo harinoso. Me gustaría que el enredo de las sábanas pasadas sea como un lecho de hierba que sólo me acaricia los tobillos. Ser la otra. Sí. La que no quiere recordar ni sabe. La que se desnace en cada vuelo de pájaro de trayectoria rectilínea infinita desde la duda hasta el olvido, y a la que le recorre las carnes una sangre dulce que no punza ante una ausencia que sigue en pie tan sólo en medio del aire, ante una huida entre las piedras. Ser no más que el reflejo insólito y obediente al envés de lo que soy.

Ser la otra, la que nunca seré. La de la soledad amarilla donde anidan las palomas. La de la nostalgia y la lucidez mirándose de frente. La que sabe robarle al tiempo la prisa y al pecho la angustia. La que vuela porque es libre. La que por encima del dolor y la torpeza sólo surca, hiende, boga, atraviesa.. La que practica en sus pupilas la expresión del vacío al responder: “no te asombres, yo te amo”.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Aeternum Vale

Me gustaba más la foto en sepia

Voy redecorando esta nueva morada revisando antiguos dibujos que viven a media luz, ensalzando los momentos sublimes de conciertos escuchados en ciudades remotas, y plasmando con mi rúbrica la rotundidad de que sí, soy yo, innegablemente la que se refleja en esta página recién nacida con rostro de vieja enfermiza.

Me cuesta escribir. Lo ansío. Pero me cuesta. En cada palabra encuentro un temor repetido, una sutil seducción hacia lo inalcanzable, un aroma olvidado entre las páginas de un libro, y la colisión insistente a cada vuelta de esquina con los mismos dioses de siempre, los dioses a los que la historia ha olvidado ponerles un nombre efectivo y aplastante para que cesen de contar las horas a través de las sombras. Mientras me despido de mi antiguo blog agitando el pañuelo del adiós se desprenden vocablos ya conocidos que me anuncian el principio de éste entre sus arrugadas comisuras. Sé que empieza el nuevo juego. Sé que el juego es nuevo pero es siempre el mismo. Sé que tengo apenas cartas. Sé que no estoy del todo preparada. Y sé que con dioses expertos no se juega. Pero allá voy, cabizbaja y con el firme propósito de perder en mi lucha contra el escepticismo de tristeza. He dejado de ansiar dejar de ser quien soy. Me asumo obedeciendo a lo que sus noches guían a pesar de que caeré con la sola sacudida de sus miradas. Pero no crearé estrategias. No las tengo. Me entrego a este juego de reglas no equitativas ni respetadas. Aquí estoy sin más argumentos que el haber aprendido que habrá palabras que algún día no dolerán, o habrán dolido ya tantas veces que se habrá transformado en un dolor detenido, aprehendido, cálido, e incluso, nostálgico.

Meditando sobre esas palabras, compuestas en el peor de los casos en frases letales, se me viene a la cabeza un poema zigzagueante de Barba-Jacob, -Miguel Ángel Osorio Benítez-, el abiertamente homosexual poeta colombiano. Se reconoce entre los días móviles, fértiles, plácidos, sórdidos, lúbricos y lúgubres, en una enumeración cada cuatro versos con anáfora. Y tras ellos es donde se esconden esos dioses que son algo más que un accidente congénito, un paisaje por el que transitamos ineludiblemente, sin detalles confusos, sin admisión a la negativa, al sesgo o la postergación. A sabiendas de esta locura de mareas que me espera continúo levando el ancla para jamás volver a ese no sé dónde que tanto duele… a ese día por el que alguna vez discurrirán vientos ineluctables y daré por finalizada mi apuesta contra todo teatro noctívago de los dioses dañinos.

Un apunte. Prometo no volver a quejarme de ellos; complazco a una silenciosa tristeza que multiplica por tres el gozo de la alegría. Esta es mi última baza.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Taedium/Tranquillitas

En cualquier era, la locura es algo más que una conjunción de circunstancias dispares. No ha habido tiempo que no haya sido escrutado por el delirio de unos cuantos ojos descontrolados, buscando -o siendo movidos-, por una razón/sinrazón que justifique una causa, un principio o un fin. Me parece aún más fascinante el fondo después de leer una mención de Poe, contra todo ejercicio de técnica, ensayo y conocimiento: “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia”. La afirmación del escritor criptógrafo de la cosmología y los cuentos del terror deja un interrogante suspendido en el dosel más alto de la sensatez. Ese palio imaginario es el hito que demarca el invisible hilo fronterizo de la razón y lo que queda al otro lado, un manicomio universal y heterogéneo en cada individuo.
Los vicios ocultos en nuestros escondrijos carecen de cuerpo visible a los sentidos. Se ocultan más allá de los ojos de buey y los cuarterones de los meandros de la memoria y la inteligencia en sus diferentes formas. Transitamos como ciegos ante nosotros mismos y de ahí la ignorancia, inconscientes del lado de la frontera por el que estamos marcando los pasos. Sólo uno se detiene ante sí mismo cuando esos vicios ocultos nos asaltan como enemigos en el propio seno y cambian las tablas del escenario, -de la tranquilidad pasa a una escena de batalla civil entre laberintos que nos han traído de algún sitio-.
Nadie está libre de temores y aversiones. Ni de ilusiones y atracciones. Y desdichado el que no pueda acudir a su cubile salutatorium consigo mismo. Se precisa de la obra de esa sala privada y marginal entre los propios entresijos para que ocurra el milagro de la reconciliación. Un punto de inflexión. La locura es la llave que abre las cancelas que más tarde cruzarán los sabios, y más tarde aún, cuando sean vencidas, le den nombre los filósofos. También es algo más que eso; es uno de los mayores actos de ternura y misericordia.
Bienvenidos.